Volar siendo obeso

Supongo que ayer nos sorprendió a todos (a mí sí) la noticia que decía que Air France cobraría un 75% más a los pasajeros obesos. Como siempre, un titular de impacto bien vendido por los medios de comunicación. Desgranando la noticia uno se daba cuenta de que cobraban ese 75% pero se garantizaba el tener el asiento contiguo libre y usar el cinturón de este, y que además la aereolínea se comprometía a devolver el dinero si el avión no se llenaba. Hoy aparece el desmentido de la empresa, ya que NO ES UNA OBLIGACIÓN SINO UNA OPCIÓN.

He de reconocer que pensaba escribir este post dándole la del pulpo a Air France, pero afortunadamente he contrastado la noticia.

Viajar en avión siendo obeso es difícil, o al menos dificultoso. La primera restricción está en el tamaño del asiento: el culo no cabe, y a veces las caderas tampoco. Siempre que viajo me veo obligado a levantar el reposabrazos contiguo. Como suelo viajar con gente conocida, no les suele importar. La segunda está en el cinturón de seguridad: no siempre abrocha. Si las filas están muy juntas, la mesita no baja. Molestas al de al lado. Molestas al carrito de la azafata o a todo el que pase si te toca pasillo, y te molesta la ventanilla si te toca el otro lado. Y para colmo, los asientos más cómodos, los de la salida de emergencia, no los puedes usar ya que “impedirías una eventual evacuación”. Esto último no lo digo yo, lo dicen las normas de aviación civil.

Todo esto pasa en la clase turista, en la que solemos volar la mayoría de los mortales y la única disponible en los vuelos que salen de Donosti en esos “autobuses con alas” que son los Fokker de hélice. Tuve la suerte de viajar una vez en Buissness, en un asiento que para mí era en condiciones y que para los demás era un trono palaciego.

La última vez que volé fue a Barcelona, a una revisión. Habían pasado dos semanas de la cirugía y mi pérdida era, creo recordar, de unos 10 o 12 kilos. En cuanto a volumen, no demasiado porque recuerdo que llevaba mis viejos pantalones vaqueros, aunque ya me quedaban grandes. Tuve que utilizar de nuevo el extensor de cinturón, aunque por poco. Tengo ganas de volar de nuevo. Se que el día en el que no tenga que usar ese artilugio me va a entrar un subidón.

Por último, diré que no he volado con Air France, pero conozco a gente que lo ha hecho en vuelos continentales desde el aeropuerto de Biarritz. Y me han hablado de una compañía moderna, cuidada y que cumple bien los horarios. Eso sí, la única vez que mi madre ha perdido una maleta fue con Air France, en el aeropuerto de Clermont-Ferran. La maleta se marchó a París mientras ella llegaba a Biarritz. El trato no fue muy cordial, que digamos, pero tras rellenar el papeleo le regalaron el neceser más completo que he visto nunca: incluía hasta una camiseta interior y una muda. Y la maleta volvió, intacta, a la semana.

JR

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