Más pedaleo

Túnel de Morlans, fundamental para comunicar el oeste y el centro de Donosti.

Ayer volví a dar pedales, pero esta vez más en serio. Durante algo más de una hora (hora y cuarto quizá) recorrí la red de carriles-bici de Donosti.

Aquí les llamamos “bidegorris”, del euskera “caminos rojos” porque los primeros de la cuidad eran de asfalto rojo. Más adelante se han añadido otros, aunque en bastantes casos no se ha respetado la tradición y sólo están pintados en el suelo.

Fue un recorrido variado, empezando por el este, en el barrio de Gros para llegar a la explanada de Sagüés, zona de surferos, de canchas deportivas y de conciertos en verano, como el de La Oreja de Van Gogh la última Semana Grande, o aquel concierto de Mojinos Escozíos que tanto gustó. De ahí, por la playa, hasta el Paseo Nuevo, que también tiene su carril. Todo el rato respetando las “sensaciones” de las que tanto habla Perico Delgado en las retransmisiones de ciclismo. No hacía falta avanzar rápido, sino que el pedaleo fuese cómodo.

Más adelante me encontré dos obsáculos: las escaleras que bajan al Puerto y las obras del Paseo de la Concha. Las primeras las bajé con la bici en la mano, mientras que para el segundo obstáculo tuve que dar un rodeo. Una vez enfilada la Concha, llegué rápido a Ondarreta y de ahí hasta el Peine de los Vientos de Chillida. Bueno, hasta el final de la carretera, puesto que el pavés que puso Peña Ganchegui se lo dejo a los corredores de la Amstel Gold Race.

Pero hay más bidegorris, así que he ido hacia el campus de la UPV, enfilando recto, buscando el túnel de Morlans. Pero antes de llegar, una dificultad: ¡una cuesta! Porque el acceso al túnel está más arriba que la avenida de las universidades. Tocaba subir cuesta, así que a subir al quinto piñón y para arriba… ¡y llegué!

Con la moral por las nubes empecé a darle caña, a bajar piñones, a pedalear fuerte y finalmente me agaché sobre el manillar para ir a tope. Una gozada.

Y para el colofón, nada mejor que girar a la derecha, recorrer el Paseo de Errondo, dar una vuelta a la cuidad deportiva de Anoeta (hasta el Velódromo, como no) y volver por la Plaza de Irún al primer bidegorri de la ciudad.

Al final, suavemente, llegué a casa relajado.

JR

2 comments so far

  1. tifosi on

    aupa rivassss !!!!

    Despues de leerte por esos foros d dios que tenias un bloggg y nada hasta hoy que gracias a txitxonnnn y la revista aurrera pues he llegado aki………. amstel gold race jajajajjajajajjaj

    eres escritor escritor……. el primero que te leo….muuu guapoooooooo.

    ke sepas que te seguire leyendo y que vaya todo bien !!!!!!

  2. Sabre on

    La cuesta del bidegorri del tunel es perra, porque la inicial es pronunciada, y justo cuando parece que vas a pedalear a gusto, te encuentras con ese falso llano en el que hay que encontrar un ritmo decente para recuperar — siempre teniendo en cuenta lo malos que somos en la bici.

    No es exactamente un paseito para niña que no quiere sudar con bicicleta de cesta y pegatinas de flores all over.


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