La sonrisa de “El Risitas”

Estos días me voy a salir un poco del tema “perder kilos” para hablaros de dientes. Pero no del “dientes, que es lo que les jode” que inmortalizó Isabel Pantoja mientras ¿saqueaba? ¿blanqueaba? ¿robaba? el dinero del Ayuntamiento de Marbella (diré que presuntamente, no me vaya a denunciar esa “señora”).

En la foto tenéis a “El Risitas”, personaje que saltó a la fama gracias a Jesús Quintero y que se reía de chistes malos junto a su “Cuñao”. Nunca he sabido si el apodo es debido a su extravagante forma de reirse, a que se ríe de chistes malísimos o al estado de su dentadura.

Y es que, salvando las distancias, bien podría ser esa mi dentadura gracias a una tarde de mountain bike por Leizarán, hará por lo menos 14 años. Una caída cuesta abajo, vuelta de campana incluida, que me melló dos dientes, en concreto los incisivos superiores izquierdos, y que pudo ser la causa de que dos años después se me reabsorbiera el colmillo inferior izquierdo.

La verdad es que he buscado información sobre la reabsorción y he encontrado otros casos como el mío, de niños que se dieron un golpe en los dientes y que al cabo de un tiempo se les reabsorbió. Para que lo sepáis, la reabsorción consiste en la desaparición de los tejidos de soporte del diente, dejando únicamente la corona. Esta, al quedarse hueca, se rompe. En mi caso, me acuerdo perfectamente, fue masticando una galleta.

Estructura de un diente. En la reabsorción desaparecen los tejidos de soporte, quedando únicamente el esmalte.

Empezó entonces un periplo de dentistas infantiles, de adultos, ortodoncista (para mantener el hueco del diente separado, y de paso moverme el resto de la boca) y endodoncista, que me desvitalizó el diente. Al final, después de dos años si no recuerdo mal, me quedé con una prótesis anclada en la raíz del diente y mi dentista se jubiló.

Justo antes de la operación fui a otro dentista para hacerme una limpieza de boca. Me pareció importante, ya que me iban a intubar durante la anestesia (aunque ya conté que fue antes, cosa que no me esperaba) y con una boca bien limpia se evitan problemas de infecciones. Habían pasado años desde entonces y la prótesis estaba algo floja. Con la limpieza saltó. Entonces llegó el diagnóstico: la única caries, el único problema que veía el dentista en toda la boca, estaba dentro de la raíz de ese colmillo. Para salvar la situación me pegó la prótesis y me recomendó un implante, extrayendo la raíz, ya que así se evitaría la caries definitivamente.

Pasó la operación, pasó el tiempo y hace unas tres semanas, la prótesis se me despegó de nuevo. La coloqué en su sitio y me dije “ya llamaré”. Hasta que, como sabréis si leéis el blog, empecé a ir al a playa. Una ola traidora y una boca entreabierta, cogiendo aire mientras nadaba. ¿Os lo imagináis? Efectivamente, mi colmillo “de pega” lo habrá encontrado o lo encontrará uno de esos buscadores de metales que van por la playa. O quizá las corrientes marinas la lleven al Urumea, al puerto de Pasajes o quizá más lejos, hasta la mismísima fosa de las Marianas. A saber.

Así que he vuelto al dentista para que me ponga un colmillo definitivo, un implante dental, ahora que es la época de mi vida que menos uso los dientes. Qué ironía.

JR

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