Archive for the ‘amigos’ Tag

Corre, Forrest, corre.

El mi último post comenté cómo he llegado por fin a perder los 100 kilos. Como ya sabréis, la cirugía a la que me sometí allá por noviembre de 2009 me permitía perder un 60 u 80 % del sobrepeso, que en mi caso eran entre 60 y 80 kilos.

¿Cómo he conseguido quitarme el resto? Pues a base de ejercicio. El verano de 2010 lo pasé a base de bicicleta. Tras un periodo sedentario en el que no engordé, en Navidades empecé una rutina de partido de fútbol los jueves que podía. Ahí vi que mi nivel físico era pésimo, por lo que poco antes de la Semana Santa decidí seguir el método de Iker y Xabi, dos buenos amigos. Hacer footing. 

Y como en todo deporte hay que empezar poco a poco. Primero con carreras suaves cerca de casa. Más adelante con algunas más largas, para acabar usando la aplicación Nike+ GPS, que mide mis carreras en distancia, tiempo y ritmo.

Correr es un deporte muy agradecido siempre que se pueda practicar. Es gratuito, se hace al aire libre y se puede hacer sólo o acompañado. Generalmente voy sólo ya que mi ritmo es inferior al de mis amigos. Además, ellos prefieren hacer distancias más largas, así que a veces me uno a ellos en parte  de su recorrido.

Lo bueno de medir las carreras es que voy notando la mejora, que mi ritmo es mejor conforme pasa el tiempo, y si he estado una semana o semana y media sin hacer (tiempo máximo) veo que mi rendimiento ha bajado y me motivo para mejorarlo.

Ahora, en verano, combino días de bicicleta con días de correr, y también días de descanso puesto que noto cómo los músculos y las articulaciones piden descanso a pesar de realizar ejercicios de estiramiento y calentamiento antes y después de cada carrera.

He encontrado un deporte divertido, en el que noto que soy más ágil que cuando en el colegio me obligaban a correr los 1000 metros y hacia tiempos pésimos, y en el que me encuentro con mucha gente conocida por la calle. Lo malo es no poder pararme a saludar, aunque si me conocéis y me véis no dudeís en hacerlo. Si me entero os responderé con un saludo, levantando el brazo y apretando un poco más la marcha.

JR

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Mi nueva relación con… la sociedad gastronómica

Gran tradición vasca la de las sociedades gastronómicas. Yo pertenezco a la sociedad Unión Artesana y estoy orgulloso de ello. No sólo porque es la decana de las sociedades gastronómicas, al datar de 1870, también por el buen ambiente que hay con el resto de socios, por su tamborrada y por los grandes momentos que he pasado en ese local.

Buen ambiente en el comedor de la Unión Artesana

Una sociedad gastronómica suele organizar muchos actos. La Artesana, entre otros, organiza la tamborrada, la comparsa de percebes en el carnaval, participa en la de Caldereros, en actividades de la Parte Vieja, colabora con el Festival de Jazz, el de Cine, la trainera Donostiarra… pero el leit motiv de una sociedad gastronómica es la comida y la buena relación entre sus socios. Podemos leer en la web de la Unión Artesana:

Con Kañoietan (año 1900) se inicia un ciclo distinto donde la gastronomía ocupa lugar fundamental. Otras muchas Sociedades populares se crearon y funcionaron en aquellos años finales del siglo XIX. De ello tenemos noticia por la prensa de la época cuando avisa de actividades llevadas a cabo por alguna de ellas. Citamos, por ejemplo a Reunión de Amigos, La Amistad (1884), Oña, Oteiza, La Unión (1888), El Edén (1890), Sociedad de Recreo, Donosti Zarra (1896) y Gizartea (1898). De alguna consta la existencia de cocina al referir la prensa que “los socios gozaron de una comida abundante preparada en la misma Sociedad”.

De este tipo de Sociedades que llamaríamos multidisciplinares solo perduró Unión Artesana. Con Kañoietan (año 1900) se inicia un ciclo distinto donde la gastronomía ocupa lugar fundamental.

Este lugar fundamental de la gastronomía es evidente. Y claro, ¿cómo ir a comer con un estómago tubular? Pues básicamente igual que a un restaurante, pero con una ventaja: COCINO YO. El socio es el encargado de cocinar, y tengo que decir que, según dicen mis invitados, no cocino mal. Es más, cocino bien y lo disfrutan.

Ahora es habitual que cuando vamos los amigos a cenar a la sociedad el menú sea algo sencillo. Generalmente una ensalada de entrante, seguida de carne cocinada a la parrilla y con pimientos del piqullo, y un postre lácteo o helado. Un menú sencillo. Además mi ración suele ser más pequeña y tengo cuidado con la bebida tal y como comenté en post anteriores: no comer y beber a la vez. Un poco de tertulia entre los platos ayuda a bajar la comida y ameniza la cena.

Pero desde la operación también ha habido alguna cena más elaborada. Lejos de lo que fueron una lasaña pantagruélica, grandes pescados al horno (ahora son más pequeños), guisos de carne o de pollo o menús con múltiples entrantes, recuerdo una cena hace no mucho a base de carne de toro guisada que fue una delicia. Comí poca cantidad, pero disfruté muchísimo de un guiso bien elaborado, con pausa y temple.

 

Jose Luis García Loza, socio histórico de la Unión Artesana y mejor persona.

Hay algo más que quiero añadir, y es el gran cariño que he recibido por parte de los demás socios de la Unión Artesana. Siempre que he ido de cena me han preguntado por mi pérdida de peso, por el método (dieta, cirugía, etc) y me han dado ánimos y enhorabuenas. La cocina de la Unión Artesana es, fuera de casa y mi grupo de amigos, el sitio donde más elogios he recibido en persona. Una de las últimas fue durante la Tamborrada, donde pude hablar de mi pérdida de peso y recibir la felicitación de un grande de los fogones como MARTÍN BERASATEGI, también socio.

Este post va dedicado con todo mi cariño a los socios y amigos de la Unión Artesana.

PD Y para acabar, un vídeo de mi amigo IKERTXO. Hace un tiempo cenamos una merluza en salsa verde y esta es la prueba.

JR, socio número 147 de la Unión Artesana

 

El post del avión

El anterior post lo escribí desde el avión. Era mi primer vuelo desde aquella vuelta de Barcelona tras cuatro días ingresado. Aquel vuelo fue bien diferente, ya que apenas cabía en el asiento, tenía el abdomen hinchado por el aire de la laparoscopia y necesité una extensión para el cinturón.

¿Qué es una extensión?

Pues ni más ni menos que esa pieza de cinturón de seguridad con la que las azafatas hacen la demostración de seguridad. Hay varias en los aviones disponibles para pasajeros obesos o para mujeres embarazadas.

Además, hay otra restricción para pasajeros obesos, y es que un pasajero obeso nunca puede viajar junto a las salidas de emergencia. Son asientos con más espacio para las piernas, y que debido a mi altura necesitaba, pero que no me podían dar porque en caso de una eventual evacuación podría haber sido un peligro para el resto de pasajeros.

Un vuelo absolutamente normal

Y con lo de absolutamente normal quiero decir que tuve lo que antes no tenía. Porque antes tenía mis “contras” al volar, pero nunca había tenido que esperar en el avión para despegar o me había intentado timar un taxista. Pero en fin, como dijo Jack, vayamos por partes.

Llego al Aeropuerto de San Sebastián, en Hondarribia. Nada más llegar primer contratiempo: hay niebla en Barajas y nos garantizan un retraso de una hora. En fin, desayuno un cola cao y poco menos de tres cuartos de curasán (lo que me cabe) y nos llaman para embarcar a la hora. Paso el control sin problemas y una vez en el avión nos confirman la niebla y que no saben cuánto tiempo estaremos. Al final fueron dos horas.

Durante ese rato la tripulación nos ofreció explicaciones, la carta de catering de pago y a mí un curso rápido de cómo abrir la ventanilla de emergencia: sí, estaba en esos asientos con más espacio, en aquellos que me habrían negado hace un año. Además, me sobraba cinturón y no molestaba a la pasajera de al lado. Ah, y un pequeño detalle. Sin obesidad hay menos riesgos de trombosis venosa profunda durante un vuelo.

Por fin llegué a Madrid, y allí hubo dos detalles. El primero, que me dejé las revistas en el avión. Dos revistas de historia. Y el segundo, que el taxista me quiso timar llevándome por una ruta más larga. Me preguntó, le dije que no, le di la ruta más directa y me dijo “ah, que pensaba que me habías dicho a…” y se quedó callado.

Bueno, el fin de semana estuvo genial, la Real ganó 0 a 4, disfruté como un enano con la tamborrada de Jai Alai y con los amigos que estuvimos allí, y el vuelo de vuelta fue normal.

JR

El verdadero “primer día de rebajas”

7 de enero de 2010. Hace un año. Empezaban las rebajas, como siempre. Yo escribí esto:

Durante años he sido muy buen cliente de una tienda de tallas grandes. Escribir este post me ha recordado una anécdota que me pasó la última vez que compré ahí, pocos días antes de la operación. Fui a comprar pijamas nuevos y una bata para el hospital, y la dependienta me preguntó: “Qué, ¿te operas, no?” Por lo visto, todos los clientes hacíamos lo mismo: no solíamos comprar ese tipo de ropa hasta que nos tocaba ir al hospital para la cirugía bariátrica.

Después de comprar me dijo “bueno, no adelgaces demasiado, y acuérdate de que tenemos ropa desde la talla 44”. Me hizo gracia la frase, ya que para ellos que un cliente se opere y pierda peso supone que le perderán y que los ingresos bajarán. Y hablando de rebajas, seguramente tendré que ir por allí ya que con este frío que está haciendo necesito abrigarme. Ya escribí que tengo ropa más pequeña guardada, pero ahora mismo todos los abrigos me quedan grandes y necesito algo de mi talla urgentemente.

Podéis leer la entrada completa AQUÍ.

¡Qué diferencia!

Ayer pude irme de rebajas… de verdad. A tiendas de tallas normales. No voy a poner nombres de comercios porque no me gusta hacerles publicidad. Fui con un amigo y la verdad es que estuvo bien. Compré poco: un jersey, un pantalón, un cinturón y un par de calzoncillos.

Y me dí cuenta de que en la mayoría de tiendas sólo hay una moda. Ahora se llevan pantalones más ajustados y camisas de cuadros. ¡No me gustó ninguna! La única una blanca lisa de manga larga, pero casualmente no había mi talla. Por cierto, ahora llevo una XL de camisa y una 44 de pantalón… según el fabricante. Porque en la misma tienda, la 46 de un modelo de pantalón me queda grande, la 44 del mismo bien y la 44 de otro modelo ni me entra.

El mundo de las tallas es un mundo aparte, y lo peor es que no hay una guía unificada ni nada que se le parezca. Hace tiempo el Gobierno quiso sacar un nuevo sistema de tallaje, y todo quedó en nada. Bueno, en un gasto de unos cuantos millones de euros. He pasado de la talla 80 a la 44 y he comprobado que entre fabricantes hay diferencias abismales.

JR

 

Pedaleando entre viñedos

Aunque lo leeis hoy este post es de la semana pasada. Publico ahora porque he estado en Madrid con varios amigos y dejé pendientes de escribir varios post que veréis en los próximos días.

Estaba en Haro, en La Rioja, donde suelo pasar los veranos. Y había decidido traerme la bici para hacer alguna salida por algunos de los caminos que hay entre huertas, trigales y viñedos.

En total hice un par de salidas por los pueblos de alrededor: Zarratón, Casalareina, Anguciana, Cihuri… y tengo pendientes salidas hacia San Vicente de la Sonsierra, Labastida o Santo Domingo de la Calzada.

Haro tiene la ventaja de estar en la confluencia de dos rutas ciclistas importantes: el Camino de Santiago y la Ruta del Ebro. Hay caminos señalizados, y también muchas pistas en zonas de cultivos que son fáciles y muy llanas, salvo algún desnivel como el que hay entre Haro y Zarratón.

Esos dos días aprendí a perderle el miedo a la BTT por caminos, al polvo, a la gravilla, a orientarme basándome en los mapas de Google Earth y en la posición de los pueblos, buscando siempre referencias para saber llegar a casa, o también a negociar zonas difíciles como los caminos embarrados por culpa de los regadíos. Pero sobre todo, aprendí a disfrutar.

Y entre tanto disfrute tenía que llegar la primera caída. Lo peor de todo es que fue subiendo una cuesta muy empinada y llena de tierra, con algunas piedras sueltas. Llegaba desde Anguciana por una pista, entre el río Tirón y la carretera. Tenía que remontar hacia la carretera y era el único camino, y cuando estaba a punto de llegar arriba me quedé clavado, apreté los frenos y me fuí hacia atrás, cayendo al suelo. Me golpeé con el sillín en la tripa, poca cosa, y tengo de recuerdo una rozadura en el codo y el freno delantero algo desajustado, pero estoy bien y sigo con ganas de pedalear.

Ahora, durante unos días, tocará hacerlo por Donosti, donde tengo una ruta nueva. Si vuelvo a Haro seguiré por viñedos. Espero que las moras que ví crecer hacia Zarratón hayan madurado para cuando vuelva…

JR

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