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El bigote de Don Tomás

Tomás Zumalakarregi, el Tío Tomás, general de la I Guerra Carlista

Fue hace dos años y cuatro meses, o lo que es lo mismo, hace tres ferias de Santo Tomás. Nos habíamos juntado cuatro amigos y habíamos hecho una promesa: lucir ese día, además del tradicional atuendo vasco, el mismo afeitado que el histórico general carlista.

No recuerdo con tanta antelación lo prometimos, ni tampoco las circunstancias, pero es posible que fuese alrededor de una mesa, con un tapete, una baraja española y 20 garbanzos encima jugando al mus, e intuyo la presencia de una botella de ron Brugal y otra de Coca Cola, además de cuatro vasos y hielos.

Durante los días previos los candidatos lucíamos espléndidas barbas. En mi caso, además, la llevaba de siempre. Todo parecía indicar que ese año iba a haber 4 Zumalakarregis en la Parte Vieja donostiarra.

¿Y que pasó? Uno de los cuatro no podía llegar hasta la tarde, así que quedábamos tres. Cuando llegué me encuentro con los dos amigos con la cara como el culito de un bebé (bueno, más quisieran ellos) riéndose de mi aspecto y diciendo que mi afeitado no era correcto, ya que en lugar de ir directo de las patillas al bigote pasaba por la madíbula y subía por las comisuras de los labios. ¡Tócate los pies, María Inés! Para colmo, el cuarto en discordia apareció por la tarde y sin afeitar, aunque en su honor tengo que decir que apareció a una cena, varios días después, con el auténtico bigote de Don Tomás.

Este episodio, además de para las risas y el anecdotario de la cuadrilla, me sirvió para darme cuenta de las dimensiones de mi papada, y me prometí que aquello no se podía ver. La barba disimulaba muchísimo.

A día de hoy sigo teniendo papada, pero mucho menos, Por eso ahora sí puedo ir yo afeitado como el culito de un bebé, con un buen apurado digno de anuncio de maquinillas.

Es una de las anécdotas que me faltaba por contar sobre mi BARBA.

JR

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Adiós a la barba

Os voy a proponer un juego. No es gratuito como esos que hay por el Facebook o por cientos de webs de juegos flash repletos de publicidad. Basta con ir a un almacén de chinos, o a un todo a 1 euro (antiguos todo a 100) y comprar una barba postiza. Hasta ahí el gasto. Ahora, vamos a casa y nos la probamos delante del espejo. El juego consiste en ver cómo cambian nuestros rasgos con y sin barba. Y si tenéis la cara algo redonda y un poco de papada notaréis un cambio enorme.

Eso es lo que me pasó a mí hace unos años. Al principio era una perilla “de mosquetero”. Luego, una perilla completa. Pero me di cuenta del cambio un verano en el que estuve preparando asignaturas para septiembre. Apenas salía y me dejé una barba “de guerrillero”. Parecía Fidel Castro en tiempos de Sierra Maestra. El día de mi último examen me afeité. Estuve 40 minutos entre tijeras y cuchilla. Ahí vi el cambio. El verano sedentario había hecho su trabajo a la perfección y además de más tripa tenía más papada. Tardé cuatro meses en dejarme la barba definitivamente, porque volví a la perilla, pero no había vuelta atrás. Estaba destinado a la barba.

Sí que es verdad que alguna vez, más o menos una al año, me afeitaba completamente para dejar la piel al descubierto y comprobar que mi papada había crecido, que sin barba parecía más joven y que estaba mejor con ella. Nunca la volví a llevar a lo guerrillero, siempre bien recortada con una maquinilla eléctrica y procurando llevar las patillas rectas y las mejillas y el cuello afeitados.

Los últimos meses, y para que se notase menos la papada, me dejaba más largo el pelo de la zona de la perilla.

Después de la operación y según me bajaba la papada fui rebajando la longitud del pelo. Del 9 al 6 y luego al 4. Dudaba. Pero llegó el sábado de carnaval y para mi disfraz, con la cara completamente maquillada, era mejor afeitarme. Así que agarré la maquinilla, la cuchilla y la espuma y al lío. FUERA BARBA. Y con menos papada, a rejuvenecer.

¿Durará? ¿No durará? No lo se. Me he malacostumbrado y no se si me haré a la rutina de afeitarme casi todas las mañanas, pero he cambiado tantas cosas…

JR

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