Archive for the ‘barriga’ Tag

Dermolipectomía: respuesta a un comentario

El pasado 20 de enero, mientras celebraba la tamborrada con mi flamante traje nuevo de cocinero (un poco holgado para poder meter ropa de abrigo debajo), muy por debajo de la chaqueta 7XL que llevé hace dos años, me llegó al blog el siguente comentario que prometí responder. El autor es “jose”, creo que de Valencia.

una pregunta JR, ¿te has hecho cirujía plástica reparadora o no?

me interesa tu caso puesto que yo pesaba 148 antes de la operación (gastrectomía tubular en Quirón Valencia) y tengo curiosidad por lo que pasa con la piel

gracias

Bien, la respuesta es corta: NO me he hecho la cirugía reparadora. De momento no pienso hacérmela hasta dentro de un tiempo, a pesar de tener algo de piel colgante en la tripa, en los muslos y en los brazos. Quiero esperar a que se recupere lo máximo posible y por eso después de cada ducha me doy crema hidratante y un masaje.

Según me dijeron, al ser hombre y joven la piel se recupera mejor, y la recuperación es peor siendo mujer y a mayor edad. El mejor ejemplo está en las mujeres que acaban de dar a luz. Cuanto más jóvenes menos problemas de piel colgante o estrías post embarazo.

De todas maneras, aconsejan tener 6 meses de peso mantenido y estar lo más cerca posible del peso ideal antes de la operación. Si quieres más información sobre la cirugía puedes consultar ESTA WEB que la explica muy bien. La operación, que no lo he dicho, se llama dermolipectomía.

Un saludo y gracias por tu comentario.

JR

Anuncios

El post del avión

El anterior post lo escribí desde el avión. Era mi primer vuelo desde aquella vuelta de Barcelona tras cuatro días ingresado. Aquel vuelo fue bien diferente, ya que apenas cabía en el asiento, tenía el abdomen hinchado por el aire de la laparoscopia y necesité una extensión para el cinturón.

¿Qué es una extensión?

Pues ni más ni menos que esa pieza de cinturón de seguridad con la que las azafatas hacen la demostración de seguridad. Hay varias en los aviones disponibles para pasajeros obesos o para mujeres embarazadas.

Además, hay otra restricción para pasajeros obesos, y es que un pasajero obeso nunca puede viajar junto a las salidas de emergencia. Son asientos con más espacio para las piernas, y que debido a mi altura necesitaba, pero que no me podían dar porque en caso de una eventual evacuación podría haber sido un peligro para el resto de pasajeros.

Un vuelo absolutamente normal

Y con lo de absolutamente normal quiero decir que tuve lo que antes no tenía. Porque antes tenía mis “contras” al volar, pero nunca había tenido que esperar en el avión para despegar o me había intentado timar un taxista. Pero en fin, como dijo Jack, vayamos por partes.

Llego al Aeropuerto de San Sebastián, en Hondarribia. Nada más llegar primer contratiempo: hay niebla en Barajas y nos garantizan un retraso de una hora. En fin, desayuno un cola cao y poco menos de tres cuartos de curasán (lo que me cabe) y nos llaman para embarcar a la hora. Paso el control sin problemas y una vez en el avión nos confirman la niebla y que no saben cuánto tiempo estaremos. Al final fueron dos horas.

Durante ese rato la tripulación nos ofreció explicaciones, la carta de catering de pago y a mí un curso rápido de cómo abrir la ventanilla de emergencia: sí, estaba en esos asientos con más espacio, en aquellos que me habrían negado hace un año. Además, me sobraba cinturón y no molestaba a la pasajera de al lado. Ah, y un pequeño detalle. Sin obesidad hay menos riesgos de trombosis venosa profunda durante un vuelo.

Por fin llegué a Madrid, y allí hubo dos detalles. El primero, que me dejé las revistas en el avión. Dos revistas de historia. Y el segundo, que el taxista me quiso timar llevándome por una ruta más larga. Me preguntó, le dije que no, le di la ruta más directa y me dijo “ah, que pensaba que me habías dicho a…” y se quedó callado.

Bueno, el fin de semana estuvo genial, la Real ganó 0 a 4, disfruté como un enano con la tamborrada de Jai Alai y con los amigos que estuvimos allí, y el vuelo de vuelta fue normal.

JR

El cinturón

 

Tengo que decir que uno de los mejores métodos para saber si has adelgazado o no es el cinturón. La báscula dará el peso, el IMC indicará tu grado de sobrepeso u obesidad, pero el cinturón  es la clave del éxito: símplemente, motiva o desmoraliza.

Es mis “buenos tiempos”, hace un año (pronto cumpliré un añito operado) usaba un cinturón de goma. Al ser elástico tenía la ventaja de que, engordase o adelgazase, siempre lo podía usar. Además, como la medida no era fija podía “enmascarar” mi verdadero perímetro de cintura.

Al ir bajando seguí usando ese cinturón, pero llegó el momento en el que tenía que apretarlo tanto que me daba vuelta y media. ¡Quién lo iba a decir, un cinturón que antes me sujetaba gracias a la tensión de la goma! Desde ese momento fui usando cinturones que había por casa, la mayoría de mi hermano.

Por fin, tocó comprar cinturones. Talla 105, y después la 100, que llevo en el último agujero. Los de la 95 me llegan justitos, por eso no he comprado ninguno todavía.

Ayer a la mañana me pasó algo fenomenal. NO ME VALÍA NINGÚN CINTURÓN. Aún llevándolo en el último agujero, me sobraban y no eran capaces de sujetar los pantalones en su sitio. Al final encontré uno que tenía sin estrenar y que es el único que puedo usar esta semana. Por suerte, los demás todavía tienen solución porque son “acortables”.

JR

PD: Quiero enviar un mensaje de ánimo a Miguel Ángel.

PPD: Tengo muy poco tiempo y es posible que no escriba mucho. No os impacientéis. Son los estudios, que me dejan poco tiempo.

Sentirse gordo, sentirse delgado

Me pasó el otro día. Últimamente cojo pocas veces el ascensor ya que prefiero ir andando por las escaleras, haciendo ejercicio. Parecerá una tontería pero esos seis tramos de escaleras, arriba y abajo varias veces al día influyen. Incluso alguna vez que he tenido que subir del bajo hasta el quinto piso lo he hecho por la escalera.

Pero en aquel momento no me apetecía. Iba a subir a la buhardilla, donde tenemos un salón, un “chill out” como lo llaman ahora, para pasar el rato. Con el portátil de la manzanita para escribir borradores para el blog. Fue al mirarme en el espejo del ascensor. Una sensación que no había tenido ni en el espejo de casa: estaba delgado, o al menos así me sentía, o me veía.

Para que os pongáis en situación, tengo que decir que el ascensor es rectangular, alargado y con un espejo al fondo que no ocupa todo el ancho de la pared. Hace medio año cuando me miraba toda mi figura sobresalía, y prácticamente era incapaz de verme entero. Además, tenía la sensación de estar ocupando la mitad del espacio físico de la cabina.

En aquel momento era diferente. ¡Sobraba espejo! ¡Sobraba sitio! Era una sensación genial. Podía decir que me sentía delgado. Y no ha sido el único momento en el que me he sentido así desde que empecé esto, aunque tengo que reconocer que fue el más intenso hasta el momento.

Tengo que reconocerlo, objetivamente estoy gordo todavía. Basta ver mi IMC. Pero no me siento gordo en absoluto. Me recuerda a cuando empecé a engordar. No me empecé a sentir gordo hasta que mi obesidad era prácticamente mórbida, y me costaba hacer cualquier cosa.

Es una cuestión peliaguda la de la autoimagen. He estado pensando en aquel momento y le he querido dar la vuelta al calcetín, porque seguro que hay mucha gente, la mayoría chicas jóvenes, que se ven gordas, se sienten gordas. Todos hemos oído hablar de los TCA, trastornos de la conducta alimentaria, anorexia, bulimia… y de cómo una autoimagen, una sensación, un sentimiento, pueden llegar a ser tan poderosos como para dejar de comer o sentirse gordo siendo un saco de huesos.

Merece la pena pararse a pensar en ello.

JR

A %d blogueros les gusta esto: