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El día en el que corrí por Urgull

Hace año y pico de mi “primer ascenso” a este mítico monte donostiarra, otrora terreno militar y testigo mudo de la historia de la Bella Easo. Centro neurálgico de la plaza fuerte arrasada un 31 de agosto de 1813 ante la pasividad del Estado Mayor de Wellintong y el General Álava, que poco o nada hicieron por sus habitantes. Sitio desconocido para muchos, que piensan que la ciudad acaba a sus pies, pasando de un lado al otro por el Paseo Nuevo pero sin atreverse a conocerlo.

El teniente Francis Maguire en la Bretxa.

El teniente Francis Maguire en la Bretxa, antes de arrasar San Sebastián en 1813.

Dejando al margen de momento al Monte Orgullo, tengo que decir que Donostia es una ciudad agradecida para correr o montar en bicicleta, sobre todo en torno a ese eje costero que va desde la Zurriola hasta el Peine de los Vientos, en torno al marco incomparable que ofrecen el Cantábrico y la Bahía de la Concha. Si se le añade el eje norte-sur del Urumea, desde su desembocadura en el Kursaal hasta Riberas de Loiola y el acceso al Parque de Cristina-Enea, la carrera es muy agradable.

Pero claro, ese marco tan bonito no atrae sólo a ciclistas y corredores. También atrae a miles de turistas o paseantes, y muchas veces el corredor tiene que hacer zig-zag entre ellos. ¿Cómo evitarlo? Pues con rutas alternativas u horarios muy tempranos o muy tardíos.

Era un día de julio, en torno a las siete de la tarde. El horario no permitía evitar los paseantes, salvo buscando el eje del río y cruzando Cristina Enea. Tras mi habitual visita al Palacio del Duque de Mandas y después a la cota más alta del parque, para acumular desnivel en las piernas, bajé y seguí hasta Sagués. Para evitar a la gente aproveché el carril bici, como hacen muchos corredores. Tuve que hacerlo también a la vuelta, en la que quería rodear el Paseo Nuevo.

Llegando a la zona del Aquarium, y justo antes de bajar al puerto, escuché un bullicio que no era nada habitual. FIESTAS DEL CARMEN. El puerto lleno de gente. Poco tiempo, nulas ganas de pararme y una decisión: o volver hacia atrás por el Paseo Nuevo o subir por el Paseo de los Curas, en la subida a Urgull, y bajar por la Parte Vieja. Hice esto último y no me pareció muy duro.

Ya he dicho que no me gusta correr dos días seguidos, pero aquel día hice una excepción. Repetí el recorrido, a la misma hora, pero me quité un “gusanillo” que se me quedó cuando llegué al final del Paseo de los Curas y vi la subida normal. ¿Cómo sería subir Urgull? Así que aquel día me planteé seguir subiendo: Batería de las Damas y hacia arriba, por la ladera norte, hasta el Cementerio de los Ingleses, bajando de vuelta al Paseo Nuevo. Una experiencia muy cansada, pero fenomenal. Al subir sufrí, pero al bajar me sentí libre, ligero, nuevo. Llegué de nuevo al Aquarium, al Paseo de los Curas y bajé del monte contentísimo, cansado por el esfuerzo pero feliz por el logro. Aquel día, como otros, me gané la ducha de después de correr, pero con más merecimiento.

PD Mis buenos amigos Iker y Xabi quieren probar también la subida a Urgull, pero hasta el castillo. Espero contentaros con buenas noticias sobre esto…

JR

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Corre, Forrest, corre.

El mi último post comenté cómo he llegado por fin a perder los 100 kilos. Como ya sabréis, la cirugía a la que me sometí allá por noviembre de 2009 me permitía perder un 60 u 80 % del sobrepeso, que en mi caso eran entre 60 y 80 kilos.

¿Cómo he conseguido quitarme el resto? Pues a base de ejercicio. El verano de 2010 lo pasé a base de bicicleta. Tras un periodo sedentario en el que no engordé, en Navidades empecé una rutina de partido de fútbol los jueves que podía. Ahí vi que mi nivel físico era pésimo, por lo que poco antes de la Semana Santa decidí seguir el método de Iker y Xabi, dos buenos amigos. Hacer footing. 

Y como en todo deporte hay que empezar poco a poco. Primero con carreras suaves cerca de casa. Más adelante con algunas más largas, para acabar usando la aplicación Nike+ GPS, que mide mis carreras en distancia, tiempo y ritmo.

Correr es un deporte muy agradecido siempre que se pueda practicar. Es gratuito, se hace al aire libre y se puede hacer sólo o acompañado. Generalmente voy sólo ya que mi ritmo es inferior al de mis amigos. Además, ellos prefieren hacer distancias más largas, así que a veces me uno a ellos en parte  de su recorrido.

Lo bueno de medir las carreras es que voy notando la mejora, que mi ritmo es mejor conforme pasa el tiempo, y si he estado una semana o semana y media sin hacer (tiempo máximo) veo que mi rendimiento ha bajado y me motivo para mejorarlo.

Ahora, en verano, combino días de bicicleta con días de correr, y también días de descanso puesto que noto cómo los músculos y las articulaciones piden descanso a pesar de realizar ejercicios de estiramiento y calentamiento antes y después de cada carrera.

He encontrado un deporte divertido, en el que noto que soy más ágil que cuando en el colegio me obligaban a correr los 1000 metros y hacia tiempos pésimos, y en el que me encuentro con mucha gente conocida por la calle. Lo malo es no poder pararme a saludar, aunque si me conocéis y me véis no dudeís en hacerlo. Si me entero os responderé con un saludo, levantando el brazo y apretando un poco más la marcha.

JR

El pívot que no podía dejar de comer

El pasado día 20 conocí a Troy “Escalade” Jackson. Lo conocí porque falleció y fue una de las noticias del día en webs de baloncesto. En seguida, los medios nacionales se hicieron eco de ella y le buscaron el lado más sensacionalista, llegando a leer el título de este post en los medios de Vocento como El Diario Vasco.

“Escalade” recibió ese mote por un modelo de Cadillac, y llegó a pesar 250 kilos con 208 cm de estatura. Un IMC de casi 60, y pensar que yo con un IMC de 53 me sentía lento. Pero tenía un talento natural para el baloncesto y estuvo a punto de conseguirlo, llegando a bajar 90 kilos. Pero no pudo ser y como dicen los medios frívolamente “no podía parar de comer hamburguesas”.

Realmente es muy difícil dejar de comer a base de “cremallera”. La gente tiene esa idea de que la persona obesa lo es por vicio, porque come demasiado y no es capaz de limitarse, porque se deja arrastrar a la gula sin poner remedio, porque no es una persona virtuosa, capaz de encontrar ese punto de equilibro entre una ingesta excesiva o una anorexia.

Pero la realidad es muy diferente. En el caso de “Escalade” veo dos vertientes. Por un lado las dietas y el “efecto rebote” que puede haber tras acostumbrar al cuerpo a un régimen escasísimo. Por otro, me planteo si “Escalade” debería haberse sometido a una cirugía bariátrica y poder ser una estrella del “streetball” y un ejemplo a seguir para mucha gente. Ya os he contado que la decisión de la cirugía es siempre difícil y que no gusta, que a muchos la idea de comer menos no les atrae, que creen que van a pasar hambre, o un calvario enorme… y también está el miedo a que pese a la cirugía se fracase, porque se puede fracasar saboteándose uno mismo la dieta.

No es así, al menos en mi caso. Sí que me han hablado de gente que ha subido de peso tras un tiempo, incluso conozco algún caso. Pero nunca es una vuelta atrás al 100% o un “rebote” como suele pasar en las dietas. Se que me puede pasar, pero hasta ahora, mi pérdida, mis 97 kilos que a muchísima gente sorprenden, han sido relativamente fáciles y sin pasar hambre, complementados cuando he podido con deporte.

La cirugía es una decisión personal y difícil. A los que leéis el blog y estáis con dudas os animaría a hacerlo, o al menos a consultar con profesionales, que estudien vuestro caso particular y os aconsejen. Adelgazar es posible. Yo, si no me hubiese animado, iba camino de ser como “Escalade”, pero sin esa habilidad para el baloncesto. Descanse en paz.

JR

Los kilos bajan más despacio

Llevo mucho tiempo hablando de lo que hago, de mi actividad física, pero apenas hablo de lo que estoy bajando. Precisamente hablo poco del tema porque no estoy bajando mucho. La pérdida de peso se ralentiza. Quedan lejos aquellos 2 y 3 kilos por semana o cada diez días, y me doy cuenta de que si me salgo un poco de la dieta o si no hago ejercicio tengo tendencia a mantenerme.

Estoy a un paso pequeño de salir de la obesidad para tener un IMC de sólo sobrepeso. Estoy a una quinta parte de kilos de llegar a mi peso ideal y mi cuerpo lo nota. Ahora puedo comer raciones algo más grandes que al principio, pero no tengo ni esa hambre ni esa ansiedad que tenía antes de la operación, y que unidas a un estómago sin fondo fueron mi perdición y mi catapulta a la obesidad mórbida.

Soy consciente de que el camino recorrido hasta ahora no ha sido fácil, pero ahora queda lo más difícil, que es mantener el peso, perder lo que me sobra poco a poco y acabar teniendo un cuerpo normal, sin la piel que se me está descolgando y que se mantenga así durante toda mi vida. ¿Y si fracasa? Pues siempre me quedará la opción del Cruce Duodenal, del que ya hablé aquí. Pero si sigo así espero evitarlo.

He ganado mucho, muchísimo. Puedo hacer ejercicio, a un nivel de principiante, sí, pero puedo hacerlo. Noto que mi vida es más activa. La cama no cruje cuando me tumbo en ella y mis piernas agradecen que mi cuerpo no pese tanto. Voy a la playa sin nada de vergüenza, no me importa destaparme delante de la gente en vestuarios públicos y este fin de semana en Madrid me han entrado ganas de montarme en una montaña rusa ahora que podré ajustarme los cierres. Y la ropa es baratísima: por 34 euros me llevé 6 prendas, 2 camisas, 2 pantalones y 2 jerseys que empezaré a usar en otoño. Nada que ver con lo que gastaba en tiendas de tallas especiales.

Espero poder escribir pronto que ya no tengo obesidad (IMC menor de 30), que he bajado de los 100 o que me quedan 10 kilos por bajar. Y también que vosotros y vosotras lo leáis.

JR

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