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Sentirse gordo, sentirse delgado

Me pasó el otro día. Últimamente cojo pocas veces el ascensor ya que prefiero ir andando por las escaleras, haciendo ejercicio. Parecerá una tontería pero esos seis tramos de escaleras, arriba y abajo varias veces al día influyen. Incluso alguna vez que he tenido que subir del bajo hasta el quinto piso lo he hecho por la escalera.

Pero en aquel momento no me apetecía. Iba a subir a la buhardilla, donde tenemos un salón, un “chill out” como lo llaman ahora, para pasar el rato. Con el portátil de la manzanita para escribir borradores para el blog. Fue al mirarme en el espejo del ascensor. Una sensación que no había tenido ni en el espejo de casa: estaba delgado, o al menos así me sentía, o me veía.

Para que os pongáis en situación, tengo que decir que el ascensor es rectangular, alargado y con un espejo al fondo que no ocupa todo el ancho de la pared. Hace medio año cuando me miraba toda mi figura sobresalía, y prácticamente era incapaz de verme entero. Además, tenía la sensación de estar ocupando la mitad del espacio físico de la cabina.

En aquel momento era diferente. ¡Sobraba espejo! ¡Sobraba sitio! Era una sensación genial. Podía decir que me sentía delgado. Y no ha sido el único momento en el que me he sentido así desde que empecé esto, aunque tengo que reconocer que fue el más intenso hasta el momento.

Tengo que reconocerlo, objetivamente estoy gordo todavía. Basta ver mi IMC. Pero no me siento gordo en absoluto. Me recuerda a cuando empecé a engordar. No me empecé a sentir gordo hasta que mi obesidad era prácticamente mórbida, y me costaba hacer cualquier cosa.

Es una cuestión peliaguda la de la autoimagen. He estado pensando en aquel momento y le he querido dar la vuelta al calcetín, porque seguro que hay mucha gente, la mayoría chicas jóvenes, que se ven gordas, se sienten gordas. Todos hemos oído hablar de los TCA, trastornos de la conducta alimentaria, anorexia, bulimia… y de cómo una autoimagen, una sensación, un sentimiento, pueden llegar a ser tan poderosos como para dejar de comer o sentirse gordo siendo un saco de huesos.

Merece la pena pararse a pensar en ello.

JR

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Bones (huesos)

Emily Deschanel es la Dra Brennan en la teleserie Bones

No voy a hablaros de televisión, aunque Bones sea una serie buena que, como la mayoría de series, no suelo seguir. Es más, empecé a ver “Perdidos” pero lo dejé en el capítulo 6 o 7 (cuando era en La 2), mucho antes de Dharma y demás frikadas.

¿Por qué este título entonces? Pues porque voy notando que tengo huesos. Mire donde mire y toque donde toque “pincho en hueso”. Quién me lo iba a decir a mí, que era más blandito que Bibendum…

bibendum
Bibendum, mascota de Michelín

Empiezo por la cabeza. El cráneo siempre ha estado ahí, pero he perdido la poca grasa que podía tener. La prueba está en un sombrero que tengo, que antes me quedaba un pelín justo y ahora me queda como un guante.

Sigo por la mandíbula, que se nota más fácil. Más abajo, las clavículas y los hombros. Puedo notar perfectamente los huesos que forman la articulación del hombro. También las costillas al tacto y si me tumbo en la cama ya no es la tripa la parte más alta, sino el esternón, ya libre de grasa.

Bajando me encuentro con las palas ilíacas de la pelvis. ¿Espinas ilíacas? Sí, yo también tengo. Y las cabezas del fémur, que antes sólo notaba al sentarme en una silla estrecha. Por supuesto que las rodillas, y al sentarme noto el isquion, la parte de la pelvis que apoyamos. Lo noto tanto que sillas que antes eran cómodas ahora no lo son tanto. Es lo que pasa cuando te falta el “cojín” de serie…

Y por último, manos y pies. Tengo la muñeca en los huesos, nunca mejor dicho. El reloj del que os hablé está un poco más flojo aunque no como para quitarle otro eslabón todavía, y los nudillos asoman como nunca. En los pies noté el cambio gracias a unos zapatos de vestir, de esos que no suelo llevar mucho. Antes, cómodos. Ahora se me salen. Puedo llevarlos porque el contrafuerte me aguanta bien el pie y al dar el paso se vienen conmigo, pero cuando me paro me los puedo quitar fácilmente.

Estoy como esos chavales que descubren en clase de conocimiento del medio o como lo llame la LOGSE que todos tenemos esqueleto. ¡YO TAMBIÉN!

JR

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