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El post del avión

El anterior post lo escribí desde el avión. Era mi primer vuelo desde aquella vuelta de Barcelona tras cuatro días ingresado. Aquel vuelo fue bien diferente, ya que apenas cabía en el asiento, tenía el abdomen hinchado por el aire de la laparoscopia y necesité una extensión para el cinturón.

¿Qué es una extensión?

Pues ni más ni menos que esa pieza de cinturón de seguridad con la que las azafatas hacen la demostración de seguridad. Hay varias en los aviones disponibles para pasajeros obesos o para mujeres embarazadas.

Además, hay otra restricción para pasajeros obesos, y es que un pasajero obeso nunca puede viajar junto a las salidas de emergencia. Son asientos con más espacio para las piernas, y que debido a mi altura necesitaba, pero que no me podían dar porque en caso de una eventual evacuación podría haber sido un peligro para el resto de pasajeros.

Un vuelo absolutamente normal

Y con lo de absolutamente normal quiero decir que tuve lo que antes no tenía. Porque antes tenía mis “contras” al volar, pero nunca había tenido que esperar en el avión para despegar o me había intentado timar un taxista. Pero en fin, como dijo Jack, vayamos por partes.

Llego al Aeropuerto de San Sebastián, en Hondarribia. Nada más llegar primer contratiempo: hay niebla en Barajas y nos garantizan un retraso de una hora. En fin, desayuno un cola cao y poco menos de tres cuartos de curasán (lo que me cabe) y nos llaman para embarcar a la hora. Paso el control sin problemas y una vez en el avión nos confirman la niebla y que no saben cuánto tiempo estaremos. Al final fueron dos horas.

Durante ese rato la tripulación nos ofreció explicaciones, la carta de catering de pago y a mí un curso rápido de cómo abrir la ventanilla de emergencia: sí, estaba en esos asientos con más espacio, en aquellos que me habrían negado hace un año. Además, me sobraba cinturón y no molestaba a la pasajera de al lado. Ah, y un pequeño detalle. Sin obesidad hay menos riesgos de trombosis venosa profunda durante un vuelo.

Por fin llegué a Madrid, y allí hubo dos detalles. El primero, que me dejé las revistas en el avión. Dos revistas de historia. Y el segundo, que el taxista me quiso timar llevándome por una ruta más larga. Me preguntó, le dije que no, le di la ruta más directa y me dijo “ah, que pensaba que me habías dicho a…” y se quedó callado.

Bueno, el fin de semana estuvo genial, la Real ganó 0 a 4, disfruté como un enano con la tamborrada de Jai Alai y con los amigos que estuvimos allí, y el vuelo de vuelta fue normal.

JR

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Paseito vespertino

Tanto si te has operado para perder peso como si no, es muy bueno andar.

Tras la cirugía no hay que quedarse en la cama. Siempre hay riesgos de trombosis o de tromboembolismos pulmonares. Aunque siempre se trata de evitarlos con las medias de compresión y la administración de heparina, la mejor terapia es andar por los pasillos del hospital desde el mismo día 1 tras la operación.

Y tanto si te han operado como si no, el refranero español nos recuerda el mejor método para adelgazar: “Poco plato y mucho zapato”.

A eso me estoy dedicando en los últimos días: a dar un paseo después de comer. Tras el puré y el yogurt (separados por una hora y aderezados con el suplemento de proteínas) salgo a dar una vuelta por la ciudad. Un paseo suave, de una hora aproximadamente, por un recorrido sin subidas y bajadas fuertes, aunque no llano del todo. Y sin necesidad de ir a un ritmo exagerado.

Estoy calculando las distancias, a ojo, con el Google Earth. Ahora he instalado una aplicación en el móvil que calcula la distancia y en este paseo voy a usarla. También voy a añadir al blog unos enlaces tanto por si queréis información médica para adelgazar como un servicio que calcula menús y dietas personalizadas.

JR

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