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El pívot que no podía dejar de comer

El pasado día 20 conocí a Troy “Escalade” Jackson. Lo conocí porque falleció y fue una de las noticias del día en webs de baloncesto. En seguida, los medios nacionales se hicieron eco de ella y le buscaron el lado más sensacionalista, llegando a leer el título de este post en los medios de Vocento como El Diario Vasco.

“Escalade” recibió ese mote por un modelo de Cadillac, y llegó a pesar 250 kilos con 208 cm de estatura. Un IMC de casi 60, y pensar que yo con un IMC de 53 me sentía lento. Pero tenía un talento natural para el baloncesto y estuvo a punto de conseguirlo, llegando a bajar 90 kilos. Pero no pudo ser y como dicen los medios frívolamente “no podía parar de comer hamburguesas”.

Realmente es muy difícil dejar de comer a base de “cremallera”. La gente tiene esa idea de que la persona obesa lo es por vicio, porque come demasiado y no es capaz de limitarse, porque se deja arrastrar a la gula sin poner remedio, porque no es una persona virtuosa, capaz de encontrar ese punto de equilibro entre una ingesta excesiva o una anorexia.

Pero la realidad es muy diferente. En el caso de “Escalade” veo dos vertientes. Por un lado las dietas y el “efecto rebote” que puede haber tras acostumbrar al cuerpo a un régimen escasísimo. Por otro, me planteo si “Escalade” debería haberse sometido a una cirugía bariátrica y poder ser una estrella del “streetball” y un ejemplo a seguir para mucha gente. Ya os he contado que la decisión de la cirugía es siempre difícil y que no gusta, que a muchos la idea de comer menos no les atrae, que creen que van a pasar hambre, o un calvario enorme… y también está el miedo a que pese a la cirugía se fracase, porque se puede fracasar saboteándose uno mismo la dieta.

No es así, al menos en mi caso. Sí que me han hablado de gente que ha subido de peso tras un tiempo, incluso conozco algún caso. Pero nunca es una vuelta atrás al 100% o un “rebote” como suele pasar en las dietas. Se que me puede pasar, pero hasta ahora, mi pérdida, mis 97 kilos que a muchísima gente sorprenden, han sido relativamente fáciles y sin pasar hambre, complementados cuando he podido con deporte.

La cirugía es una decisión personal y difícil. A los que leéis el blog y estáis con dudas os animaría a hacerlo, o al menos a consultar con profesionales, que estudien vuestro caso particular y os aconsejen. Adelgazar es posible. Yo, si no me hubiese animado, iba camino de ser como “Escalade”, pero sin esa habilidad para el baloncesto. Descanse en paz.

JR

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El post del avión

El anterior post lo escribí desde el avión. Era mi primer vuelo desde aquella vuelta de Barcelona tras cuatro días ingresado. Aquel vuelo fue bien diferente, ya que apenas cabía en el asiento, tenía el abdomen hinchado por el aire de la laparoscopia y necesité una extensión para el cinturón.

¿Qué es una extensión?

Pues ni más ni menos que esa pieza de cinturón de seguridad con la que las azafatas hacen la demostración de seguridad. Hay varias en los aviones disponibles para pasajeros obesos o para mujeres embarazadas.

Además, hay otra restricción para pasajeros obesos, y es que un pasajero obeso nunca puede viajar junto a las salidas de emergencia. Son asientos con más espacio para las piernas, y que debido a mi altura necesitaba, pero que no me podían dar porque en caso de una eventual evacuación podría haber sido un peligro para el resto de pasajeros.

Un vuelo absolutamente normal

Y con lo de absolutamente normal quiero decir que tuve lo que antes no tenía. Porque antes tenía mis “contras” al volar, pero nunca había tenido que esperar en el avión para despegar o me había intentado timar un taxista. Pero en fin, como dijo Jack, vayamos por partes.

Llego al Aeropuerto de San Sebastián, en Hondarribia. Nada más llegar primer contratiempo: hay niebla en Barajas y nos garantizan un retraso de una hora. En fin, desayuno un cola cao y poco menos de tres cuartos de curasán (lo que me cabe) y nos llaman para embarcar a la hora. Paso el control sin problemas y una vez en el avión nos confirman la niebla y que no saben cuánto tiempo estaremos. Al final fueron dos horas.

Durante ese rato la tripulación nos ofreció explicaciones, la carta de catering de pago y a mí un curso rápido de cómo abrir la ventanilla de emergencia: sí, estaba en esos asientos con más espacio, en aquellos que me habrían negado hace un año. Además, me sobraba cinturón y no molestaba a la pasajera de al lado. Ah, y un pequeño detalle. Sin obesidad hay menos riesgos de trombosis venosa profunda durante un vuelo.

Por fin llegué a Madrid, y allí hubo dos detalles. El primero, que me dejé las revistas en el avión. Dos revistas de historia. Y el segundo, que el taxista me quiso timar llevándome por una ruta más larga. Me preguntó, le dije que no, le di la ruta más directa y me dijo “ah, que pensaba que me habías dicho a…” y se quedó callado.

Bueno, el fin de semana estuvo genial, la Real ganó 0 a 4, disfruté como un enano con la tamborrada de Jai Alai y con los amigos que estuvimos allí, y el vuelo de vuelta fue normal.

JR

El cinturón

 

Tengo que decir que uno de los mejores métodos para saber si has adelgazado o no es el cinturón. La báscula dará el peso, el IMC indicará tu grado de sobrepeso u obesidad, pero el cinturón  es la clave del éxito: símplemente, motiva o desmoraliza.

Es mis “buenos tiempos”, hace un año (pronto cumpliré un añito operado) usaba un cinturón de goma. Al ser elástico tenía la ventaja de que, engordase o adelgazase, siempre lo podía usar. Además, como la medida no era fija podía “enmascarar” mi verdadero perímetro de cintura.

Al ir bajando seguí usando ese cinturón, pero llegó el momento en el que tenía que apretarlo tanto que me daba vuelta y media. ¡Quién lo iba a decir, un cinturón que antes me sujetaba gracias a la tensión de la goma! Desde ese momento fui usando cinturones que había por casa, la mayoría de mi hermano.

Por fin, tocó comprar cinturones. Talla 105, y después la 100, que llevo en el último agujero. Los de la 95 me llegan justitos, por eso no he comprado ninguno todavía.

Ayer a la mañana me pasó algo fenomenal. NO ME VALÍA NINGÚN CINTURÓN. Aún llevándolo en el último agujero, me sobraban y no eran capaces de sujetar los pantalones en su sitio. Al final encontré uno que tenía sin estrenar y que es el único que puedo usar esta semana. Por suerte, los demás todavía tienen solución porque son “acortables”.

JR

PD: Quiero enviar un mensaje de ánimo a Miguel Ángel.

PPD: Tengo muy poco tiempo y es posible que no escriba mucho. No os impacientéis. Son los estudios, que me dejan poco tiempo.

Los kilos bajan más despacio

Llevo mucho tiempo hablando de lo que hago, de mi actividad física, pero apenas hablo de lo que estoy bajando. Precisamente hablo poco del tema porque no estoy bajando mucho. La pérdida de peso se ralentiza. Quedan lejos aquellos 2 y 3 kilos por semana o cada diez días, y me doy cuenta de que si me salgo un poco de la dieta o si no hago ejercicio tengo tendencia a mantenerme.

Estoy a un paso pequeño de salir de la obesidad para tener un IMC de sólo sobrepeso. Estoy a una quinta parte de kilos de llegar a mi peso ideal y mi cuerpo lo nota. Ahora puedo comer raciones algo más grandes que al principio, pero no tengo ni esa hambre ni esa ansiedad que tenía antes de la operación, y que unidas a un estómago sin fondo fueron mi perdición y mi catapulta a la obesidad mórbida.

Soy consciente de que el camino recorrido hasta ahora no ha sido fácil, pero ahora queda lo más difícil, que es mantener el peso, perder lo que me sobra poco a poco y acabar teniendo un cuerpo normal, sin la piel que se me está descolgando y que se mantenga así durante toda mi vida. ¿Y si fracasa? Pues siempre me quedará la opción del Cruce Duodenal, del que ya hablé aquí. Pero si sigo así espero evitarlo.

He ganado mucho, muchísimo. Puedo hacer ejercicio, a un nivel de principiante, sí, pero puedo hacerlo. Noto que mi vida es más activa. La cama no cruje cuando me tumbo en ella y mis piernas agradecen que mi cuerpo no pese tanto. Voy a la playa sin nada de vergüenza, no me importa destaparme delante de la gente en vestuarios públicos y este fin de semana en Madrid me han entrado ganas de montarme en una montaña rusa ahora que podré ajustarme los cierres. Y la ropa es baratísima: por 34 euros me llevé 6 prendas, 2 camisas, 2 pantalones y 2 jerseys que empezaré a usar en otoño. Nada que ver con lo que gastaba en tiendas de tallas especiales.

Espero poder escribir pronto que ya no tengo obesidad (IMC menor de 30), que he bajado de los 100 o que me quedan 10 kilos por bajar. Y también que vosotros y vosotras lo leáis.

JR

Estuve de compras

Fue el pasado miércoles, y la verdad es que sentí un subidón.

Tenía varias cosillas en mente, y para encontrarlo todo y hacerlo de una tirada, nada mejor que ir al CC Txingudi de Irún, donde hay un Decathlon (es el de la imagen) y también una tienda Kiabi.

¿Por qué al Decathlon? Pues para varias cosas. Primero, mirar bicis. No es lo mismo que mirarlas en la web. Me gustó mucho una BTT, aunque antes de hacer cualquier compra les preguntaré a los expertos “bikers” que leen el blog a ver qué les parece. También me compré camisetas de hacer deporte, que las primeras se me  van quedando grandes. Pero tenía una idea, y era comprarme un bañador. Este año, con muchísimo menos peso, tengo ganas de ir a la playa. Los paseos y la bici me han puesto algo morenos los brazos y la cara, y me apetece coger algo de color por un año.

El subidón estuvo cuando entré en el probador. Por si las moscas, me había llevado ropa de las tallas 2XL y 3XL, descartando la escasa 4XL. Directamente, me puse las 2XL de todo… ¡y me valían! Lo mejor de todo es que especificaban que eran para “perímetros de cintura entre 98 y 107 cm”. Por primera vez en muchos años, estoy en torno al metro de perímetro.

Y después, a Kiabi.

¿Por qué a Kiabi? Porque me gusta la ropa que tienen y porque tienen sección de tallas grandes. Como la ropa es una necesidad y mi armario está algo escaso de prendas de verano necesitaba una tienda así. Dejé atrás las secciones de mujer, que son mayoría, y fui directo al fondo. A mi derecha, las tallas normales. A mi izquierda, las grandes. ¿Límite? Talla 50. De ella para abajo, normales hasta la 38. 52 y superiores son grandes. Justo en mi límite.

Fui hacia la zona de tallas normales, sector “prohibido” para mí hasta hace no mucho. Encuentro una camisa que me gusta. Tallas L o 2XL. Hay XL de otro modelo. Agarro las dos, descartando la L. Y al probador. Por el camino agarro un pantalón pirata de la 50, y ya que tenía que cruzar las tallas grandes, otro modelo de la 54.

Prueba de fuego. Los dos pantalones me quedan bien. El de la 50, por ser de corte ancho, aunque me quedará mejor en un par de semanas. Y el de la 54 me sienta como un guante. Y para las camisas, la 2XL. Tengo un buen perímetro de pecho y anchura de hombros y caja torácica, y la XL se me ciñe demasiado. Quizá cuando adelgace más y se me eliminen los pocos depósitos de grasa que tengo en esa zona pueda usar las XL, pero de momento no.

Salgo del probador y veo pantalones vaqueros. Me pruebo una 52, que ya sabréis que me vale, y me queda fenomenal. Mejor que el que tengo en casa porque son de corte recto en lugar de tan ceñidos. Y de tela veraniega, genial para estas fechas.

Sólo me falló una cosilla. Vi un jersey rosa. Sí, rosa. Me gustaba. Pero sólo había hasta la XL, las 2XL, las que me valen, estaban agotadas.

Fue una tarde entretenida, la verdad. Da gusto ir a por ropa y usar tallas intermedias, no andar buscando siempre lo más grande. Estoy contento con lo que he comprado, porque además es barato y me va a durar tiempo, o hasta que se me quede grande. Sólo le veo un “pero” y es que casualidad, en Kiabi tenían cosas en la sección de “tallas grandes” que me gustaban muchísimo… PERO ME QUEDAN GRANDES. ¡Quién lo iba a decir hace 6 meses!

JR

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